Naturaleza en Cerdeña

La naturaleza de Cerdeña está repleta de matices. Siendo profundamente de carácter Mediterránea, encontramos originales espacios naturales que la convierten en una isla especial.

Si bien es cierto que la mayoría de los viajeros llegan atraídos por su propuesta de playas, entre las que encontramos algunas de las más bellas del Mare Nostrum; conviene abrir los ojos para no perderse otros rincones singulares como Capo d’Orso, cuya roca asemeja un oso, o el gigantesco farallón del Pan de Azúcar en Masua, en la Costa oeste.

Para empezar Cerdeña tiene un corazón montañoso en el interior que transforma la naturaleza costera en un frondoso bosque donde la fauna y la flora no tienen nada que ver con el litoral. En el macizo del Gennargentu se ubica el lugar más alto de la isla, Punta La Marmora (1834 m.).

Volviendo al mar encontramos esas fascinantes playas que cualquier folleto turístico de Cerdeña reproduce hasta la saciedad. Desde las infinitas playas por las que podemos pasear kilómetros y kilómetros, pasando por las naturistas donde practicar nudismo, hasta las calas más salvajes y poco accesibles, a las que sólo podremos llegar en barco.

En las urbanas como la del Poetto en Cagliari tendremos que evitar acudir en pleno agosto, cuando se llena de gente, u optar por escaparnos un rato a las salinas, en el parque regional de Molentargius, para ver si tenemos suerte y vemos los flamencos rosas volando por encima de nosotros.

Las reservas protegidas custodian espacios naturales de gran belleza que necesitan por su biodiversidad un grado de conservación mayor. Entre estos lugares merece la pena destacar Reserva Natural Isla de Asinara, donde viven unos peculiares inquilinos, los burros albinos. La Reserva está en el extremo norte de Cerdeña, frente a la peníncula donde encontramos Stintino y Playa Pelosa, que podemos conocer de paso.

Un turismo diferente y atractivo es el que nos introduce en las entrañas de Cerdeña para conocer sus cuevas, entre las que destacan la de Neptuno en Capo Caccia, Su Mannau en el Sulcis Iglesiente (Coste suroeste), la del Bue Marino en la costa este, o la de Ispinigoli.

Tampoco debemos olvidar que Cerdeña tiene islas menores a su alrededor, cada una con sus atractivos. Mientras La Maddalena y Caprera tienen un turismo masivo fruto de la cercanía con la Costa Esmeralda, Las islas de San Pietro y Sant’Antioco nos llevan a la tranquilidad y el contacto con un pasado que pervive en la gastronomía, la historia y las tradiciones.